El 2 de septiembre de 2026, un episodio insólito y profundamente preocupante para la cohesión interna de Ucrania tuvo lugar en Kiev: efectivos del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y soldados de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa (GUR, por su sigla en ucraniano, también conocida como HUR en inglés) se enfrentaron a tiros en plena calle, en medio de una operación relacionada con presuntas actividades de espionaje ruso. El hecho, capturado en video y confirmado por ambas agencias, dejó tres miembros del GUR heridos y desató una crisis institucional que llegó hasta la presidencia del país.
Dónde y cómo ocurrió
El enfrentamiento tuvo lugar en la calle Yuriya Shumskoho, en el distrito de Dniprovskyi, en la orilla izquierda de Kiev, la mañana del miércoles 2 de septiembre. Según reconstruyó el medio Kyiv Post, se trató de un tiroteo entre efectivos de dos de las principales agencias de inteligencia y seguridad del país, en momentos en que el SBU realizaba lo que definió como "medidas de investigación urgentes". La calle fue acordonada por las autoridades durante el resto de la jornada.
El video que circuló posteriormente en redes sociales —y que corresponde a las imágenes que documentan este episodio— muestra a un grupo numeroso de efectivos armados y uniformados reunidos alrededor de vehículos en una zona con espacios verdes, en lo que aparenta ser el desenlace de una confrontación tensa entre ambos bandos. De acuerdo con el medio UA.News, las imágenes muestran primero una discusión verbal y un forcejeo entre los involucrados, que luego escaló hasta que efectivos del SBU abrieron fuego contra operativos del GUR.
El trasfondo: una operación contra un presunto espía ruso
El origen de la confrontación se remonta a una investigación del SBU centrada en Stepan Kaplunov, subcomandante del Cuerpo de Voluntarios Rusos (RVC, por su sigla en inglés), una unidad paramilitar integrada por ciudadanos rusos que combate del lado de Ucrania y que opera bajo el mando del propio GUR, específicamente bajo la unidad especial "Timur".
Según informó el SBU, la agencia investigaba un presunto complot orquestado por el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) para asesinar a un líder de la oposición rusa que se encontraba de visita en Ucrania con motivo de las celebraciones del Día de la Independencia, el 24 de agosto. De acuerdo con fuentes citadas por los medios ucranianos Suspilne y Babel, el objetivo de ese presunto complot habría sido Ajmed Zakáyev, un excomandante de campo checheno. El SBU sostuvo que había logrado frustrar ese ataque y que, en el marco de esa misma investigación, sus efectivos se encontraban realizando allanamientos y otras diligencias cuando fueron atacados por "un grupo de personas" que intentó obstruir la investigación, según indicó la Fiscalía General de Ucrania.
La versión del GUR es radicalmente distinta. El comandante de la unidad especial "Timur" acusó al SBU de haber abierto fuego contra operativos del GUR que se encontraban desarmados, y denunció que el propio Kaplunov había sido "secuestrado" por el SBU sin cargos formales en su contra. Según el Cuerpo de Voluntarios Rusos, Kaplunov había desaparecido cerca de su domicilio días antes del tiroteo, un hecho que la propia unidad había reportado a distintas agencias, entre ellas el GUR y el SBU.
Un intercambio de acusaciones que continuó después del tiroteo
La confrontación no se cerró con el cese del fuego. Al día siguiente, el 3 de septiembre, el SBU difundió un video en el que Kaplunov aparece admitiendo haber sido contactado por una persona que actuaba en representación del FSB para preparar el atentado contra el opositor ruso. Sin embargo, el abogado de Kaplunov, Taras Borovsky, denunció ante el medio Ukrainska Pravda que esa confesión fue grabada "en cautiverio, bajo presión, mediante tortura y amenazas de muerte", y acusó al SBU de haber difundido el video para "blanquear su reputación" tras el tiroteo del día anterior.
El propio Kaplunov, en una publicación en redes sociales fechada el 3 de septiembre, negó las acusaciones de haber mantenido contacto con los servicios de seguridad rusos y de haber participado en la planificación de asesinatos, y sostuvo que había admitido esas acusaciones únicamente después de haber sido retenido durante nueve días bajo presión psicológica y amenazas. Según su abogado y el propio Cuerpo de Voluntarios Rusos, Kaplunov no ha sido formalmente acusado y permanece en libertad, aunque su paradero exacto no ha sido confirmado públicamente.
La reacción de Zelenski
El episodio generó una respuesta inmediata desde la presidencia ucraniana. El presidente Volodímir Zelenski calificó la confrontación entre ambas agencias como "una situación absolutamente vergonzosa" y ordenó una investigación exhaustiva, advirtiendo que los responsables deberán rendir cuentas y podrían enfrentar decisiones sobre su continuidad en los cargos. Como primera consecuencia concreta, Zelenski destituyó a Oleg Khramov, jefe del departamento de protección de secretos de Estado del SBU.
Según recogió el medio LIGA.net, un asesor presidencial señaló que Zelenski había reprendido duramente a los jefes de ambas agencias por el episodio, subrayando que el SBU y el GUR son los dos servicios especiales fundamentales de Ucrania y que, en medio de una guerra en curso, ambos deben actuar de manera coordinada. Un conflicto público o un malentendido entre estas dos agencias, advirtió, puede afectar no solo una investigación puntual, sino la cooperación misma entre ambos organismos en el desarrollo de tareas conjuntas.
Un episodio con múltiples capas de significado
Más allá del hecho puntual del tiroteo, este episodio pone de relieve tensiones más profundas dentro del aparato de seguridad e inteligencia ucraniano en un momento particularmente delicado de la guerra con Rusia. La existencia de unidades como el Cuerpo de Voluntarios Rusos —compuestas por ciudadanos rusos que combaten contra su propio país de origen del lado ucraniano— añade una capa adicional de complejidad a este tipo de operaciones, en las que la línea entre la lealtad, el espionaje y la desconfianza mutua entre distintas fuerzas puede volverse extremadamente difícil de trazar.
El hecho de que dos de las principales agencias de seguridad de un país en guerra hayan llegado a un enfrentamiento armado entre sí, con saldo de heridos, representa un fallo institucional de proporciones considerables, independientemente de qué versión de los hechos termine prevaleciendo tras la investigación ordenada por Zelenski. Para un país que depende de la cohesión y coordinación de sus fuerzas de seguridad para sostener su esfuerzo bélico frente a Rusia, este tipo de episodios generan un costo político y de credibilidad que trasciende ampliamente el incidente puntual ocurrido aquella mañana de septiembre en una calle de Kiev.

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